Una vivienda puede estar bien aislada, ser eficiente y parecer completamente saludable, pero aun así acumular radón en sus plantas bajas o sótanos. Este gas radiactivo natural está presente en distintas zonas de España y, cuando se concentra durante años, aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. En las siguientes líneas explico cómo localizar el riesgo, qué exige la normativa y qué soluciones constructivas funcionan mejor sin comprometer la sostenibilidad del edificio.
Lo esencial para tomar una decisión segura sobre el radón
- El radón no se ve ni se huele, por lo que la única forma fiable de conocer la exposición es medir.
- El nivel de referencia utilizado en España es de 300 Bq/m³ como promedio anual.
- El mapa del CSN orienta sobre el riesgo, pero no sustituye una medición dentro del edificio.
- En municipios de zona I se exige una solución de protección y en zona II, una barrera más una medida adicional.
- La protección más sostenible es la que se incorpora desde el proyecto, antes de cerrar soleras, muros y pasos de instalaciones.
Por qué el radón preocupa en España
El radón, concretamente el radón-222, procede de la desintegración natural del uranio presente en ciertos terrenos y rocas. Al ser un gas, puede desplazarse por grietas, juntas, conducciones y poros del suelo hasta entrar en los edificios, sobre todo cuando existe una ligera depresión interior respecto al terreno. No es un problema exclusivo de viviendas antiguas: una construcción nueva también puede presentar concentraciones elevadas si no se ha diseñado correctamente.
La exposición prolongada a concentraciones altas puede dañar el tejido pulmonar. El riesgo es especialmente relevante para las personas fumadoras o que han fumado, porque radón y tabaco suman sus efectos. No pretendo alarmar a quien vive en una zona de riesgo, pero sí ser claro: ventilar de vez en cuando no permite saber si el problema está resuelto.
El CSN explica que el potencial de una zona se calcula con datos de numerosos edificios y que la cifra de 300 Bq/m³ no describe automáticamente cada vivienda. Dos casas de la misma calle pueden comportarse de forma distinta por sus cimientos, ventilación, contacto con el terreno o estado de las juntas. Por eso el mapa sirve para priorizar actuaciones, no para emitir un diagnóstico individual.
Cómo saber si una vivienda está en una zona de riesgo
El primer paso consiste en consultar el municipio en el mapa de potencial de radón y en la clasificación del Código Técnico de la Edificación. España distingue principalmente entre municipios de zona I y zona II, según la probabilidad de encontrar edificios con concentraciones superiores al nivel de referencia.
| Clasificación | Qué indica | Implicación habitual en obra nueva |
|---|---|---|
| Zona I | Existe una probabilidad relevante de encontrar niveles elevados en parte del municipio. | Barrera de protección o espacio de contención ventilado. |
| Zona II | La probabilidad de superar 300 Bq/m³ es mayor y requiere una protección reforzada. | Barrera más cámara ventilada o sistema de despresurización del terreno. |
| Municipio no incluido | El mapa no señala una prioridad administrativa específica. | La medición sigue siendo recomendable si existen sótanos, grietas o plantas bajas poco ventiladas. |
Yo prestaría atención especial a sótanos, semisótanos, garajes cerrados, plantas bajas habitables y locales en contacto directo con el terreno. En esos espacios el gas puede acumularse con más facilidad, aunque la concentración cambia según la época del año, el tiempo que permanece cerrado el inmueble y la presión atmosférica.
Para una vivienda, lo más fiable es colocar detectores pasivos durante un periodo prolongado y obtener un promedio representativo. En los centros de trabajo situados en plantas bajas o bajo rasante de municipios de actuación prioritaria, la IS-47 del CSN establece mediciones con detectores durante al menos tres meses, dentro del periodo indicado por la instrucción y mediante laboratorios competentes.
Qué dice la normativa española en 2026
La protección frente al radón está integrada en la sección HS 6 del Documento Básico de Salubridad del CTE. Su objetivo es limitar la entrada del gas procedente del terreno en los recintos cerrados, tanto mediante barreras como a través de sistemas que conduzcan el radón hacia el exterior.
En obra nueva, el nivel de exigencia depende de la zona del municipio. La normativa no obliga a instalar exactamente el mismo sistema en todo el país, porque la solución debe guardar relación con el riesgo, el tipo de terreno y la configuración del edificio. Aun así, cumplir formalmente sobre el papel no basta si después se perfora la barrera para pasar instalaciones sin sellar los encuentros.
Para edificios existentes se aplica un criterio de flexibilidad, pero la intervención debe conseguir una reducción efectiva. Cuando ya existen mediciones, el propio DB-HS 6 orienta la intensidad de la solución: si el resultado supera el nivel de referencia sin llegar al doble, se emplean medidas equivalentes a las de zona I; cuando lo supera más del doble, se consideran las soluciones de zona II.
En el ámbito laboral, el Real Decreto 1217/2024 refuerza las obligaciones cuando el promedio anual supera 300 Bq/m³. Si alguna zona de permanencia de trabajadores supera los 1.000 Bq/m³, el plazo de declaración es mucho más corto y deben planificarse acciones correctoras con apoyo técnico especializado. Para una empresa, por tanto, no es suficiente con comprar un detector y archivar el resultado.
Qué soluciones constructivas funcionan mejor
Barrera contra el paso del gas
Una lámina antirradón o una barrera equivalente se coloca entre el terreno y los espacios habitables. Su eficacia depende tanto del material como de la continuidad del sistema, la calidad de los solapes y el sellado de encuentros con muros, pilares, sumideros y tuberías. Una membrana perforada deja de ser una barrera eficaz, aunque el producto tenga buenas prestaciones técnicas.
Cámara o espacio de contención ventilado
La cámara sanitaria ventilada crea una zona intermedia entre el terreno y la vivienda. Puede funcionar con ventilación natural o mecánica y su misión es evacuar el gas antes de que alcance los locales habitables. En rehabilitación, esta alternativa suele ser interesante cuando existe un espacio bajo el forjado, aunque hay que comprobar que tenga continuidad y que el aire pueda salir realmente al exterior.
Despresurización del terreno
Este sistema extrae el gas acumulado bajo el edificio mediante arquetas, tubos y un ventilador o conductos diseñados para reducir la presión bajo la solera. Es una opción potente para concentraciones altas o para edificios donde no resulta viable instalar una cámara continua. Su rendimiento depende mucho de la permeabilidad del terreno y de que el sistema se dimensione con criterio, no de colocar simplemente un extractor.
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Ventilación interior
Renovar el aire puede reducir la concentración, especialmente en viviendas con plantas bajas cerradas. Sin embargo, la ventilación no siempre soluciona la entrada continua desde el suelo. En edificios eficientes y muy estancos, yo prefiero estudiar una ventilación mecánica controlada, idealmente con recuperación de calor, porque permite mejorar la calidad del aire sin derrochar tanta energía.
| Solución | Cuándo encaja mejor | Principal limitación |
|---|---|---|
| Barrera antirradón | Obra nueva y renovación de soleras. | Exige continuidad y sellado perfecto de penetraciones. |
| Cámara ventilada | Edificios con espacio disponible bajo los locales habitables. | No siempre es posible crearla en una rehabilitación. |
| Despresurización | Concentraciones elevadas o entradas persistentes desde el terreno. | Requiere diseño, mantenimiento y consumo eléctrico. |
| Ventilación controlada | Reducción complementaria y mejora de la calidad del aire. | No sustituye siempre a las medidas contra la entrada desde el suelo. |
Cómo abordar una rehabilitación sin gastar dos veces
Cuando el edificio ya está construido, empezaría por una medición antes de levantar pavimentos o sellar grietas. El resultado permite distinguir entre una actuación ligera y una intervención que necesita despresurización. Medir antes de decidir suele ahorrar más que actuar a ciegas, sobre todo en sótanos y viviendas con varias zonas en contacto con el terreno.
- Consultar el municipio en la cartografía oficial y localizar las estancias en contacto con el suelo.
- Instalar detectores en las zonas de mayor permanencia, evitando colocarlos junto a ventanas, radiadores o fuentes directas de aire.
- Realizar una campaña suficientemente larga para obtener un promedio anual representativo.
- Encargar el diagnóstico a un técnico que conozca el DB-HS 6 y las soluciones de rehabilitación.
- Ejecutar la medida correctora y repetir la medición para comprobar el resultado.
Los errores más frecuentes son sellar únicamente una grieta visible, instalar un extractor sin estudiar por dónde entra el gas o confiar en abrir las ventanas durante unos minutos. También se olvida medir después de reformar, cuando se han cambiado las condiciones de ventilación del inmueble. Si la vivienda se ha vuelto más estanca gracias a una mejora energética, conviene revisar de nuevo el comportamiento del radón.
La sostenibilidad no consiste en elegir siempre la intervención más grande. Consiste en actuar sobre la vía de entrada dominante, usar materiales duraderos, facilitar el mantenimiento y coordinar la protección frente al radón con la impermeabilización, el aislamiento y la ventilación. Una solución pasiva bien integrada durante la obra suele tener menos consumo y menos averías que un sistema añadido de forma improvisada años después.
Qué cambia para una construcción sostenible
La eficiencia energética y la protección frente al radón pueden reforzarse mutuamente, pero solo si se diseñan juntas. Una envolvente más hermética reduce infiltraciones no controladas, aunque también puede retener contaminantes interiores si no existe una ventilación adecuada. Por eso no recomendaría sellar un edificio sin comprobar antes la renovación de aire.
En obra nueva, la estrategia más equilibrada suele combinar continuidad de la barrera, encuentros bien resueltos y ventilación eficiente. En edificios con sótano, además, conviene separar claramente las zonas de garaje o almacenamiento de los locales habitables y mantener los pasos de instalaciones registrables para futuras comprobaciones.
La elección de materiales también importa. Una lámina puede ser técnicamente válida, pero si se daña con facilidad durante la ejecución o no existe un sistema claro para protegerla antes de colocar el acabado, su rendimiento real será inferior al previsto. En mi opinión, la mejor solución es la que el equipo de obra entiende, puede inspeccionar y sabe reparar.
La decisión más prudente antes de comprar o reformar
El mapa de radón ayuda a saber dónde merece la pena extremar la atención, pero no determina por sí solo la seguridad de una vivienda. Antes de comprar una casa con sótano, planta baja cerrada o reforma pendiente, pediría mediciones, planos de contacto con el terreno y detalles de ventilación. Un resultado medido vale más que una suposición basada en la provincia o en la antigüedad del edificio.
Si el promedio es bajo, bastará con conservar una ventilación adecuada y vigilar los cambios importantes. Si se acerca o supera 300 Bq/m³, conviene intervenir con una solución proporcionada y verificarla después. Así se protege la salud, se cumple el marco técnico español y se evita convertir una mejora energética o una reforma sostenible en una fuente inesperada de acumulación de radón.